Cómo una humilde tienda se convirtió en una cadena de supermercados de culto: el imperio Aldi – EL ECONOMISTA
Cómo una humilde tienda se convirtió en una cadena de supermercados de culto: el imperio Aldi
Una disputa por la venta de cigarrillos llevó a los hermanos a dividir su imperio en dos de forma amistosa
La paradoja del ‘hard discount’: cómo Lidl y Aldi se han convertido en el motor de las grandes marcas en España
Javier Calvo
Remo Vicario
Madrid 7:00 – 9/03/20260
Durante la postguerra, en una Europa arrasada en la que las familias aprendían a vivir con lo justo, dos hermanos alemanes estaban reformulando, sin saberlo, las reglas de consumo moderno. Los hermanos Albrecht transformaron una pequeña tienda de comestibles en un imperio que transformó la distribución alimentaria mundial, y que hoy cuenta con miles de establecimientos en todo el planeta. Aquel negocio no solo sobrevivió al milagro económico alemán, sino que lo acompañó y lo moldeó. Aquel negocio se convirtió en Aldi.
En el año 1913, el padre de Karl y Theo Albrecht tuvo que dejar su trabajo en la minería, por problemas de asma. Empezó a vender pan, pero para incrementar los ingresos familiares su mujer, Anna, abrió una pequeña tienda de alimentación en un humilde suburbio de Essen, Alemania. Por entonces, la ciudad era un importante centro industrial, dinámico y vivo. La tienda iba tan bien, que en 1919 amplió el negocio. Y poco después llegó el nacimiento de los dos hijos.
El mejor, Theo, comenzó a colaborar desde muy pequeño en la tienda de su madre. Mientras que el mayor, Karl, trabajaba en una charcutería. Nunca estuvo claro si los hermanos fueron parte de las juventudes nazis, pero sí que acabaron siendo reclutados por las fuerzas armadas de Hitler. Karl estuvo destinado en el frente oriental, mientras que Theo fue desplegado en el norte de África, donde se encargaba del suministro del ejército. Uno fue herido en el frente ruso, y el otro capturado por los estadounidenses en Túnez.
Tras la guerra, y ya liberados, los hermanos regresaron a casa, y heredaron la modesta tienda de su madre, que había sobrevivido, casi de milagro, a los más de 200 bombardeos que se habían producido sobre la ciudad de Essen. Y aunque se trataba de una tienda pequeña y la situación era complicada, su ambición era grande. Tenían muy claro que querían crecer y competir contra los negocios más potentes.
Modelo de negocio
Aunque en un principio, en un país que había quedado, literalmente, arrasado por la guerra, solo podían permitirse ofrecer un pequeño surtido de productos. Y esta casualidad, porque no era algo planeado, les permitió descubrir cuál era la fórmula del éxito. Comprobaron que tener menos artículos les permitía tener costes más reducidos, lo que a su vez les permitía vender a menor precio que la competencia. Esta idea sentó las bases de lo que sería la verdadera cultura de ahorro, que es el pilar que sostenía el negocio: prescindían de cualquier tipo de publicidad, la decoración era simple y escasa, los locales pequeños, y vendían un conjunto básico de productos, de rápida rotación, como arroz o azúcar, y evitaban categorías cuyos costes eran más elevados y requerían mayor mantenimiento, como las frutas, las verduras o la mayoría de productos de charcutería. Querían convencer a los compradores de que no encontrarían mejores precios en ningún otro lugar. Su lema era ‘menos es mejor que demasiado’.
Su principal competencia por entonces eran las cooperativas de descuento, organizaciones a las que la gente se sumaba para obtener cupones de descuento, que después de comprar podían canjear para recuperar una parte del dinero. Pero era un proceso lento y complejo, así que ellos decidieron saltarse ese paso, y establecer directamente el descuento antes de la venta, que por entonces estaba limitado a un máximo del 3%. Se convirtió así en una de las primeras tiendas de descuento del mundo.

Esa estrategia de productos básicos a bajo precio, en un país que luchaba por recuperarse, funcionó. Tanto, que pronto abrieron un nuevo local en Essen. Para finales de la década de los 40 ya contaban con 13 tiendas en el valle del Ruhr, a la que llamaban con el apellido familiar. Y en 1955 alcanzaron los 100 establecimientos. Y para entonces ya no tenían como clientes solo a personas humildes que buscaban los mejores precios, sino que ya acudían todo tipo de perfiles, también personas adineradas, que valoraban los productos que ofrecían en sus establecimientos.
Tampoco le tenían miedo a la innovación. De hecho, en 1954, los hermanos hicieron historia, al abrir la primera tienda de autoservicio de Alemania. Fue todo un éxito, y empezó a marcar la pauta del negocio.
Lo tenían todo. Un modelo de negocio exitoso e innovador, clientes fieles y satisfechos, cada vez más tiendas por toda Alemania… y a pesar de que mantenían un estilo de vida austero y discreto, sin ningún tipo de lujo, y vistiendo los mismos trajes raídos que tenían, los Albrecht se habían convertido en millonarios. En 1960, cuando inauguraron su establecimiento número 300, nadie podía imaginar lo que estaba por venir.
La división
En su búsqueda de nuevos caminos para seguir impulsando el crecimiento de la empresa, los hermanos llegaron a un punto de conflicto: la venta de cigarrillos. Theo estaba a favor de empezar a vender tabaco, mientras que Karl se mostró totalmente contrario. Por un lado, porque era un producto que obligaba a una burocracia adicional. Pero, sobre todo, porque consideraba que podía atraer a ladrones. Tampoco ayudaba que ambos hermanos, pese a compartir la visión global, entendían el trabajo de forma muy diferente: Theo era un adicto, obsesionado con los pequeños detalles. Mientras que Karl delegaba con gusto.
Así que, en 1961, tomaron la decisión de dividir su imperio, a petición del propio Karl. Pero de forma muy alemana, sin dramas, y de forma amistosa. Theo eligió la mitad norte de Alemania y Karl se quedó con el sur. En 1966 el acuerdo de separación quedó totalmente sellado, y los hermanos dejaron de tener participación financiera en la compañía del otro. Pero, aún así, continuaron colaborando, compartiendo información, acuerdos con proveedores y en algunos casos hasta hacían compras conjuntas, para optimizar los costes. La única información que se ocultaban eran los beneficios anuales. Por lo demás, la estética era la misma, el estilo de las tiendas similar y la misma visión de negocio.
Por el camino, decidieron cambiar el nombre, implantando Aldi, como lo conocemos ahora, que nace de algo tan sencillo y clásico como coger las primeras sílabas de Albrecht Discount.
Expansión internacional
Con las cuestiones financieras y legales ya resueltas, la cadena comenzó su expansión internacional, cuando Aldi Sud, la de Karl, adquirió los supermercados Höfer, en Austria. Mientras que Aldi Nord adquirió sus primeras tiendas en Países Bajos. Sendas empresas se repartieron los países europeos para su proceso de expansión, ya fuese con la adquisición de grupos locales o con la apertura de tiendas propias. En el caso de España, donde Aldi tiene cada vez más peso y mayor cuota de mercado, el dueño es Aldi Nord. El único país en el que tienen presencia las dos compañías es Estados Unidos, donde Aldi Sud abrió su primera tienda en 1976, mientras que Aldi Nord adquirió Trader Joe’s.
La expansión siguió consolidándose en los 80, y se disparó tras la caída del muro de Berlín y la reunificación alemana. La presencia de Aldi en países de Europa del Este creció de forma exponencial. Con sus respectivos negocios más que consolidados, los hermanos Albrecht se jubilaron en 1993, dejando el control de las empresas en manos de sus fundaciones familiares privadas.
Hoy, la compañía cuenta con unas 4.500 tiendas en Alemania, repartidas al norte y al sur por lo que se conoce comúnmente como ‘el ecuador de Aldi’. En el resto del mundo superan los 12.000 establecimientos, con cada vez más cuota de mercado en los mercados en los que operan. En España, por ejemplo, cuentan con más de 500 tiendas y 6 almacenes.
Tienda de Aldi en China.Los hermanos Albrecht, ya fallecidos, se colaron en las listas de las personas más ricas de Alemania, con fortunas que superaban los 20.000 millones de euros. Hasta el final de sus días mantuvieron un estilo de vida discreto, apartado de los focos y de los medios de comunicación. Una tendencia que se enfatizó a partir de 1971, cuando secuestraron a Theo durante 17 días, para pedir un rescate. Desde entonces, las viviendas familiares se convirtieron en auténticos bunkers.
La historia de Aldi no es solo la de una cadena de supermercados, sino la de una idea económica llevada hasta sus últimas consecuencias: la eficiencia puede ser más poderosa que la visibilidad. En un sector dominado por la competencia feroz, Aldi optó por una estrategia casi contracultural: menos productos, menos gastos y menos palabras. Y, sin embargo, su influencia se dejó sentir en toda la industria. Hoy, cuando las marcas blancas ocupan cada vez más espacio en los lineales y los consumidores comparan precios con una precisión casi quirúrgica, la lógica que impulsó a los hermanos Albrecht tras la posguerra sigue marcando el ritmo del comercio minorista.







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